
El timbre sonó dos veces y Trucha bajo a mirar quién era, no sin antes gritar, cómo habitual era en el - Lo va a quemar o qué!!! – . Mientras tanto, Lola alcanzó el bolso y saco el último porro que le quedaba.
- Hey, no te lo vas a fumar, la tía del Trucha está abajo…Dijo Nano con cierta cautela
- Cuál tía, esa es la abuela, no ves que los papás de ese man parecen los hermanos
- Bueno lo que sea, ese olor lo reconoce cualquiera
Nano ajustó la puerta de la terraza y Lola prendió el porro cubriéndolo de los vientos de noviembre.
- Hey, Nano, vos sabías que el porro también se puede leer? Dijo ella concentrada en la papeleta
- Epa, ni que te lo hubieras fumado ya – respondió él, mientras miraba descender una escupa hasta al primero de cinco pisos.
- No me cree parcero?? Es más, sólo ve uno las cosas buenas, las cosas positivas.
- Vos estás loca Lola, vos vivís trabada, yo no sé para qué metés porro, si igual te mantenés en la luna todo el tiempo.
- ¿y es que acaso en la luna no meten porro o qué?
Trucha volvió, tenía puesto un sombrero de papel Pilsen y estaba pelando una mandarina, en cuanto vio a Lola, se apresuró a cerrar la puerta.
- Huyyyy! Ma´mor, porrito? – dijo mientras se mandaba a la boca el primer pedazo de fruta.
- Si Truchita, del que quedó de ayer, querés que te lo lea?
- Huyyyyy, es que esa chimbada se puede leer? Respondió el casi gritando.
- Si parcero, hacele a ver que te sale…que a este otro guevón le dio miedo.
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