
Vieron el amanecer sentados en una acera, ella había tomado toda la noche y tarareaba una canción repleta de nostalgia, lo hacia lento y dejaba un silencio profundo entre las estrofas, el, que la cuidó todo el tiempo, estaba sentado a su lado, mirando fijamente la cajetilla de cigarrillos con que jugueteaban sus manos. Alrededor varias botellas de Smirnoff vacías, lo demás la soledad y el silencio que se apoderaban de las calles luego de una sórdida noche de fiesta popular.
En sus caras se dibujaban los estragos de la parranda, una combinación de tumulto, empujones, tragos, humo, vallenato de otrora, fritanga y excesos. Laura dejó de cantar y un par de lágrimas se dejaron caer por sus pómulos, el otro la miró pero prefirió seguir callado.
- Son esos hijueputas los que me hacen llorar – (mintió) estaba destrozada por el viaje de su hermano.
El abrió la cajetilla y vio que no había más cigarros
- Ya el estanquillo lo abrieron otra vez, anda y comprá –dijo ella mientras se secaba los ojos
El por fin abrió la boca
- Pero Alejandro y Daniel te quieren como un putas, te quieren más que yo-
Laura estalló en llanto y esquivando la mirada de su amigo le dijo
- “Pollo” decile a mi hermano que no se vaya, que no me deje sola!!!
El dejó caer la cabeza y se concentró de nuevo en la cajetilla.
Muy bueno mi hermano
ResponderEliminarGenial
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